Huérfanos de guerra

La noche del muflón

Yellowknife

Mientras el sol se pone en Yellowknife, la manada de los garous huérfanos decide separarse para dar rienda suelta a sus instintos bestiales tanto tiempo reprimidos; las chicas se van a correr por el bosque, los chicos se van a un bar.

Chelsea y Tina recorren el bosque en busca de algún rastro del pequeño Liam; saben que no está allí, y que probablemente esté siendo sometido a todo tipo de vejaciones en un desguace abandonado a decenas de kilómetros, pero Tina ha hecho una promesa y, además, tiene ganas de correr y olfatearlo todo. Le cuesta seguir el paso de Chelsea, que es una loba mucho más fuerte y parece conocer el bosque como la palma de su pata. Lo husmean todo, no encuentran rastro del Wyrm por allí, y vuelven a la cabaña a reponer fuerzas. Los hermanos aún no han llegado.

Chogan, Lee, Ernest y Ernest, en forma de homínidos, llegan a dos patas a The Clover, el bar del que pronto saldrán a cuatro. Es un pub irlandés. Piden cervezas y caldos de carne y empiezan a curiosear por allí. Encuentran en la pared una foto de Ennis, diez años más joven, sonriente y con un brazo sobre los hombros del dueño, delante de una gran bandeja con huesos y restos de salsa. Debajo está escrito a boli: “Reto del muflón, 1981”. Preguntan al dueño y éste les explica que el tipo aquél consiguió superar el reto particular de ese pub: el cliente que consiga ingerir de una sentada el especial de la casa, consistente en 4 kilos de muflón asado, puede irse sin pagar y, además, ser inscrito con honores en la pared del pub. Allí sólo están la foto de Ennis y la de algún leñador meritorio que llegó a comerse 3 kilos antes de desmayarse.

Chogan se rasca la cabeza.

-Yo puedo hacerlo" dice.

Lee, Ernest y George opinan que ellos también podrían, y mientras especulan sobre la calidad y cantidad del especial de la casa, y quién deberían intentarlo, Chogan se acerca a la barra muy serio y, con la locuacidad propia de los navajos, anuncia en voz alta y clara:

-Yo como. Traiga el muflón.

Los parroquianos intercambian miradas divertidas y examinan a los forasteros. “¡Cinco pavos a que el navajo se desmaya!” grita uno. “¡Los tomo!”. El dueño da orden a la cocina de que empiecen a preparar la bandeja monstruosa. La gente se anima y la cerveza empieza a correr. El dueño está contento, y empieza a charlar con los recién llegados. Les cuenta que Ennis se apellidaba Fionnlagh, que el muchacho venía de Nueva York y que estuvo un tiempo por Yellowknife, hará unos diez años. Era un buen tipo. George hace una foto de la foto con su Polaroid.

Traen al fin el muflón y Chogan empieza a comer, sin prisa pero sin detenerse. En el pub hay humo y poca luz, así que por suerte los parroquianos no llegan a atisbar los colmillos del navajo. Siguen las apuestas, cada vez más altas, la gente está enfervorecida. Chogan come y come. Ya nadie mira el partido de hockey que estaban dando en la tele. Cuando ya lleva engullidas tres cuartas partes de la bandeja, los leñadores golpean rítimicamente las jarras sobre las mesas y se desgarran la garganta coreando como un solo hombre:

-¡MU-FLÓN! ¡MU-FLÓN! ¡MU-FLÓN!

Chogan respira un poco y sigue engullendo. El público está entregado. Termina la bandeja y estalla la celebración. Levantan a hombros al indio y a sus compañeros, el dueño saca su cámara y pide su retrato con el vencedor.

-¡MU-FLÓN! ¡MU-FLÓN! ¡MU-FLÓN!

Tras varias cervezas más, y después de rechazar otras tantas invitaciones, los garous se despiden de sus nuevos amigos y vuelven a la cabaña en la furgoneta, contentos y achispados

La Ahroun y la Philodox, que llevan un buen rato en la cabaña descansando de su carrera por los bosques, levantan de repente las orejas. Alerta. Algo viene. Se oye un ruido infernal, un coro demente y obsceno que se acerca a gran velocidad, un chirrido de ruedas mezclado con un cántico ininteligible y bestial, en una lengua incomprensible y emitido por fauces claramente no humanas:

-…groagroaflónmufLÓN-MU-FLÓN-MU-FLÓN!


Los huérfanos, ya reunidos todos en la cabaña, empiezan a analizar la situación y establecer teorías sobre lo que pudo pasar con Ennis y qué relación tendría con los truculentos sucesos de la última semana en Yellowknife. Deciden que no hay tiempo que perder, y en lugar de esperar al día siguiente para seguir investigando optan por visitar, a través de la Umbra, las tres casas del crimen: la de los Johnson, la de los Begay y la del pequeño Liam O’Neill. En todas hay un coche de policía en la puerta.

Se suben todos a la furgoneta y empiezan por la casa de Liam. Chogan ayuda a Ernest y a Tina a pasar, George, Lee y Les hacen guardia. No encuentran rastro del Wyrm, no huele a parentela, hay otros niños que viven allí. Es difícil identificar el que podría ser el olor de Liam.

Van a la casa de los Johnson. Allí murieron cinco personas, dos adultos y tres niños. Un niño murió junto a sus padres. Los otros dos en sus habitaciones. Hay rastros de pelea. Los garou detectan que en el pasado hubo presencia del Wyrm, aunque ya no está. No hay rastros de balas.

En la casa de los Begay el panorama es similar, pero además allí notan que la puerta no está forzada. Allí mataron a siete personas, de las que cuatro eran niños. Dos de los niños murieron en sus habitaciones. Igual que en la casa anterior, hay mucha sangre. También hay presencia del Wyrm en el pasado. No huele a parentela.

Chogan interroga al espíritu de un perro que vive en la Umbra cerca de la casa de los Begay. Dice que allí vivía algo malo, algo que apestaba, que había hecho que otros espíritus se alejaran de la casa, pero que esa cosa mala había desaparecido cuando murieron los Begay. El perro opina que debían ser gente mala.

Los hechos conocidos hasta ahora:

-Quien atacara a las familias siguió un método similar. Entró por la Umbra o le dejaron entrar a la casa los propios habitantes. Las muertes de los niños en sus habitaciones hace suponer que el atacante no estaba solo, pudo ser un grupo. No hay huellas de sangre de la huida de los atacantes. La hipótesis de la Umbra cobra fuerza.

-En ambas casas hubo Wyrm antes de los crímenes, pero ya no. O bien los atacantes eran del Wyrm y llevaban tiempo rondando las casas, o bien fue expedición punitiva contra el mal que allí vivía.

-Los atacantes no usaron armas de fuego.

-Los crímenes coinciden en el tiempo con el ataque al Fanum de Chicago, en el que Ennis no pudo participar porque desapareció tras recibir una llamada desde Yellowknife. ¿Alguien le avisó de las matanzas, o de que se iban a producir?

-Liam tiene la edad aproximada como para poder ser hijo de Ennis, cuando éste estuvo de paso por Yellowknife. Si eso fuera así, Liam sería el único parentela relacionado con los hechos. Ni los Johnson ni los Begay lo eran.

-La edad de Liam en el momento de su desaparición hace pensar que, si era un garou, debía estar próximo el momento de su transformación.

-Liam desaparece unos tres días después de los crímenes. Los crímenes se producen en dos noches consecutivas.

Los Huérfanos se van a dormir, confusos. Mañana deberían ir al desguace, hay que reunir fuerzas. Alguno sueña con un espíritu, tal vez el futuro tótem de la manada. Un animal fuerte, de cuernos de media luna y patas blancas como la nieve. Un hermosísimo muflón.

[Este resumen, cortesía de Melina]

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